Mammón

Me marché de trabajar 15 minutos después de las 8:00 p.m., eran de las cosas que más maldecía de mi empleo, tenía un horario de entrada, pero no de salida. Tengo más de 10 años trabajando para la oficina de correos virtuales, en la ciudad de Cartana, a diario tengo que tomar el tren subterráneo que hace unos 60 minutos hasta mi casa, luego tengo que caminar unas 20 cuadras hacía el montículo para llegar a mi hogar, que parece un basurero, pero es para lo que me alcanza pagar con lo que gano, realmente estoy cansado y chasqueado de todo, no soy un hombre que posea ninguna pericia especial, y tampoco quiero esforzarme por nada, no vale la pena, sólo tengo a mi padre viejo que se encuentra recluido en un hospicio, padece demencia, locura,  y en realidad, cuando estuvo conmigo, se extravió 5 veces, en ese lugar está mejor que conmigo.

Esa noche era viernes y había quedado de verme con una amiga, en uno de los bares que se encuentran en la penúltima parada de donde usualmente me bajo. Hacía un buen tiempo que no la veía, para ser honesto desde la secundaria, yo actualmente tengo 30 años. Llegué al bar y me senté en una de las mesitas que estaban junto a los sanitarios, prefería no dar a ver que sólo pedía agua mineral, era para lo único que me alcanzaba.

En eso, todos miraban admirados a una seductora mujer morena y alta, que entraba al bar, con cabellos negros al hombro, y además con una gala distintiva, lo que menos me imaginé era que fuera Yertra, mi amiga, se acercó lentamente a la mesita junto a los sanitarios, donde estaba yo, me quedé petrificado cuando se acercó.

– ¿Eres tú Cedric? – dijo la deslumbrante mujer.

– ¿Yertra? -agregué sonrojado.

-Si tonto, soy yo, ¿porque no elevaste la mano cuando entre al bar?

-No te reconocí amiga, en serio luces totalmente distinta a lo que eras en la secundaria, sin ofender, ¿qué sucedió contigo?

-Pues ya no soy esa niña boba, tengo poder, dinero, y a los hombres que deseo a mis pies. -Expresó la chica con cierta engreimiento.

– ¿Perdón? ¿Eres tú Yertra? -adicioné boquiabierto.

-Sí. Y si he aceptado tu invitación, es porque eras el único amigo que tenía en la secundaria, además, en el grupo de amigos de WhatsApp de la secundaria, todos hablan maldiciones de ti, me han dicho que ni siquiera te invitaron a ser parte de dicho grupo.

-No sabía que existía un grupo Yertra, en todo caso, soy un fracasado que vive en una tugurio, con un trabajo mediocre que no alcanza ni para pagar una cerveza, mucho menos un departamento digno. – Adicioné, recapitulando mi estúpida vida.

-Mmmmm, agregó Yertra, por eso he venido, para ayudarte, pero primero sentémonos, bebamos y charlemos. –Sumó la joven.

– Te advierto que no tengo ni para una cerveza. ­- Añadí mortificado.

-No te preocupes, hoy invito y hasta te llevo a tu casa.

– No es necesario, puedo caminar y no bebo, sólo agua mineral. – Le advertí.

-Venga Cedric, como en los viejos tiempos, aunque sea bebe un tequila.

-Está bien, un tequila nada más. – Agregué un poco desganado.

Bebimos y bebimos tequilas, la cosa es que no supe ni como terminé en mi vieja cama, era sábado, me desperté y miré el reloj de mi Alcatel, eran las 3 de la tarde, me iba a estallar mi cabeza por la cruda, abrí el minibar viejo y destartalado que tenía, saqué una botella de jugo de uva y lo bebí hasta saciar mi sed, no conseguí comer nada y para concluir no dejaba de nausear, me sentía muy mal, no fue hasta cuando por fin bajaron las náuseas, me sometí a una ducha, eran ya las diez de la noche, traté de beber un yogurt y me recosté, de pronto sentí que algo ajaba mi pierna derecha, saqué de entre las sábanas, un trozo de papel que expresaba lo siguiente.

“Nos vemos el siguiente viernes en el mismo lugar, voy a presentarte a un caballero que cambiará tu vida para siempre”

En realidad, no le tomé importancia, y tampoco pensaba ir a encontrarme de nuevo con Yertra, no me había gustado mucho en la chica que se había convertido.

El lunes por la mañana, me dirigí a mi letárgico empleo en la oficina de correos virtuales, mi jefe era un funesto divorciado con unos 100 kilos de peso, y cada mañana había que escuchar sus letanías y reprimendas. La semana aconteció tranquila, como siempre, yo tomaba el tren subterráneo, cenaba comida enlatada y bebía agua, el día viernes por la mañana mi jefe me mandó llamar, acudí rápidamente a la oficina, sabía que algo no andaba bien, sin más toqué a la puerta y una voz familiar habló:

-Adelante, buenos días, la puerta está abierta. – Exclamó mi jefe.

-Buenos días jefe, – respondí, ¿qué puedo hacer por usted?

-En realidad, te he llamado porque estas despedido, el mes entrante llega mi sobrino a ocupar tu puesto, tienes casi un mes para encontrar otro empleo. – Pronunció mi jefe, sin ninguna contrición.

-No me puede hacer esto, – agregué nervioso, sólo estribo de este empleo, y no tengo a donde ir, al menos deme más días de plazo.

-Lo siento Cedric, no es mi problema, y en todo caso, eres el más joven de la plantilla, seguramente te las arreglarás.

Esa tarde salí y mi dirigí al subterráneo desganado, ¿qué iba a hacer? Sólo sabia redactar correos virtuales, y no tenía a donde ir, en ese instante me acordé de Yertra, y faltaban sólo 2 paradas más para llegar al bar donde me había citado. Dos minutos, y el tren se iba deteniendo lentamente en la penúltima parada, esperé, y de último momento me bajé, seguí mi instinto y ahí estaba, en la mesa junto a los sanitarios, aún faltaban 20 minutos para que llegara Yertra, esta vez no iba a caer en su juego, no bebería porque debía ahorrar hasta el último peso.

20 minutos después miré que llegaba una carroza blanca, bastante extravagante, de la que bajó Yertra y un hombre muy curioso, que me causó cierto estremecimiento. De tez blanca, ojos negros profundos, cabello negro al hombro muy lacio, y creo que medía 1.90 metros, muy delgado, vestía un traje estilo barroco en color tinto, modelo levita con solapas en puntas bordeadas, de una especie de cristales que brillaban, con bolsillos de sastrería con estilosa, botines negros muy brillosos, y su dentadura era perfecta.

Se acercaron a la mesa donde yo estaba, y Yertra se apresuró a hablar:

-Cedric es bueno verte nuevamente, te presento a Mr. Mammón, él es mi jefe y también quiero que sea el tuyo. ¿Perdiste tu empleo cierto?

-Me quedé gélido cuando Yertra preguntó eso último. – ¿Cómo te has enterado de eso, no le he dicho a nadie? – Le dije sorprendido.

-Solamente lo supuse. – Agregó ella.

-Es un placer conocerle Mr. Mammón, vine porque Yertra me insistió. – Dije.

– A mí me convenció de venir, ¿pero dime una cosa muchacho? Que sabes sobre mí. – Cuestionó aquel misterioso hombre.

-En realidad nada Mr. No le conozco de nada.

– ¿Qué favor necesitas? – sin más agregó.

-Sólo quiero un empleo bien remunerado, ya no quiero vivir en las mismas condiciones, además, me han despedido, mi jefe sabe que soy el mejor de mi puesto y aun así, le dio mi lugar a su sobrino.

– ¿Y por qué te haría yo un favor a ti? Además, no tienes ningún talento, eres un hombre común y corriente. Yo sólo hago favores a gente talentosa, y eso, si saben cómo hacer la petición.

-Soy talentoso en mi trabajo, además sólo quiero un buen empleo, bien remunerado, solamente eso. – le dije.

-Bien, entonces te daré lo que pides, recuerda que todo tiene un precio, y ya lo conocerás.

De pronto, sentí una punzada dolorosa en mi oído, nuevamente había amanecido, era sábado como eso de las 3 de la tarde, no sabía cómo había llegado de nuevo a mi cama, estaba desnudo, no me explicaba que había sucedido, otra vez me sentía con una terrible cruda, lo peor es que no recuerdo haber bebido nada, sólo una soda. Lo más extraño fue lo que me sucedió el lunes temprano, me preparaba para ir a buscar un nuevo empleo y en eso recibí una llamada de la oficina de correos, avisándome que habían despedido a mi jefe, el mismo que me había despedido a mí, y que el puesto de él, era mío.

No podía creerlo, me apresuré a llegar a la oficina, firmé un contrato por tiempo indefinido y con el triple de sueldo, me daba para vivir muy bien y hasta para sacar a mi padre de ese asilo, y pagarle a una enfermera que se hiciera cargo de él mientras yo estaba en el trabajo, lo mejor es que me habían dado un adelanto increíble, y con eso me podía mudar a un departamento mucho mejor y hasta amueblado, sin embargo, después de firmar el contrato recibí otra llamada del asilo, me avisaban que mi padre había fallecido en forma extraña, no podía creerlo, me quería morir y sólo me dirigí al bar a beber una cerveza, antes de pasar a realizar el papeleo de su deceso. Una hora después, de forma sorpresiva llegó al bar Yertra, cuando la miré, me sonrió y le pedí una explicación de lo de su amigo, y sólo respondió lo siguiente:

-Ahora tu jefe es Mammón, el rey de las tinieblas, te dio lo que le pediste, a cambio de tu padre, la gente sin ningún talento como tú, les arrebata a personas amadas, a la gente talentosa les cobra su alma al morir.

– ¿Y a ti que te arrebató? – le dije disgustado.

-A mi nada, yo soy una talentosa guionista. – exclamó Yertra con una sonrisa siniestra.

Me quedé gélido con su respuesta, salí del bar, y sólo recuerdo como un camión gigante me arrolló, y aquí estoy, en este hospital tratando de entender los hechos, a mi mente sólo vino una imagen de la secundaria, donde todos mis compañeros se mofaban de Yertra, por los guiones que escribía para las obras de teatro, eran un tanto perversas, pero no dejaban de ser buenos guiones.

Fin…