Baphomet

Mi nombre es Grade, y soy un chico con apenas 17 años, cabello ondulado al hombro y ojos cafés como los de mi padre, no soy nada excepcional, sólo un chico al que no le sucedía nada interesante hasta que llegamos a Sodol, el lugar donde nació papá. Corre el año de 1989, estamos viajando a Sodol, un poblado a unos 800 kilómetros de la ciudad de Hagal, Jan mi padre nació en este sitio,  un hombre robusto, de 40 años, profesor en una escuela secundaria en Hagal, después de pensarlo y platicarlo con mi madre, una mujer hermosa de ojos negros y cabello castaño, decidieron que nos mudaríamos a Sodol, mi padre se encargaría de la escuela secundaria que le habían encomendado, y mi madre se encargaría de arreglar la vieja casa que mi padre supuestamente heredó en Sodol; y que era la razón principal de mudarnos.

Yo nunca estuve de acuerdo, dejé todo, mis amigos y conocidos; y la única ventaja, era que el odioso de mi hermano mayor se quedaba en la ciudad por cuestiones de la universidad. Aquí estábamos viajando a ese lugar en un viejo coche de marca Mustang, de reojo miré a mi padre y de sus ojos brotaba un hilo de luz que nunca había visto. Mi madre por su parte, originaria de Hagal, muy poco sabía sobre la vida en el campo, aunque uno de sus sueños era poder tener un espacio grande donde cultivar hortalizas y flores. Yo por mi cuenta, subí el volumen de mi reproductor de casete y me dispuse a no escuchar las historias fantasmagóricas que mi padre narraba sobre Sodol “el pueblo portento”

 Sólo quería descansar del tedioso viaje en el coche que, para variar, mi padre adquirió en otra de sus famosas gangas, porque todo lo que poseíamos era adquirido en gangas.

La ciudad de Hagal era un lugar sumamente grande, rodeado con un clima abrasador, el paisaje estepario, homogéneo y atestado de personas corriendo como hormigas por la ciudad, que durante el día es tragada por las neblinas de arena, la mayoría de las casas son frescas y hechas de madera, nuestras reservas de agua no son grandes, no hay lagunas, ni mucho menos ríos, pero quizás lo que más extrañaba era a mis amigos, no tanto el paisaje y esas cosas, ya que dejé un proyecto sin terminar, en lo que a mí respecta yo amaba ese panorama seco, sin embargo aquí estaba, en este viejo coche, encerrado con mi padre y mi madre, viajando al pueblo de los fantasmas.

Faltaba ya muy poco para llegar a Sodol, y el horizonte se comenzó a tornar  lóbrego, la neblina comenzó a cerrarnos el camino lentamente, mi padre apenas y podía avanzar, los viejos pirules dejaban caer su hojarasca sobre el viejo asfalto de la carretera,  de pronto, algo se atravesó frente al coche, mi padre nervioso pisó el pedal del freno, mi madre miraba a mi padre, muy asustada, bajamos lentamente del viejo coche y era solamente un viejo tronco de árbol atravesado en la carretera. Lentamente mi padre avanzó en el camino, hasta que miramos un viejo letrero que invitaba a leerlo por su peculiaridad, decía lo siguiente: “bienvenido al calabozo” que nombre tan propio de este sitio – me dije- mi padre y mi madre ni se dieron cuenta de tan espectacular letrero, todavía estaban sumidos en el susto que se llevaron con el tronco, en eso, mi madre habló con un tono fuerte, hizo que me quitara mi reproductor.

– ¿A dónde nos has traído Jan? Este lugar parece un cuento de terror.

– Tranquila – asistió mi padre, te vas a enamorar de este lugar, es muy romántico, y es ideal para que Grade se olvide de la tediosa ciudad, (fruncí mi cara), todo es mejor acá, había olvidado que casi toda la época del año el clima permanece así.

– ¿Así como? -Replicó mi madre.

-Con niebla mujer, es ideal para revivir la llama de nuestro amor.

Yo me burlé de mi padre sin que este se diera cuenta, mi padre finalmente, era una persona poco maliciosa y yo odiaba que siempre mirara el lado positivo en todas las cosas.

– ¿Cómo piensas Jan que voy a cultivar flores u hortalizas? En este lugar se ve que no crece nada bueno, salvo los pinos y los pirules.

-Tranquila, no te lo quise decir en la ciudad porque seguramente te ibas a negar que hiciéramos este cambio de vida, creo que la casa te va a encantar – agregó mi padre.

Me volví a poner mi reproductor de caset, no quería escuchar la conversación de mis padres, casi siempre esas peleas terminaban en una promesa de cena romántica a la luz de las velas y quién sabe en qué más.

Se avecinaba la tarde, el ambiente era gélido y de nuestras bocas comenzaron a salir pequeñas volutas de humo, poco a poco nos fuimos acercando a la entrada de Sodol, a primera vista se veía un gran bosque de pirules, seguimos avanzando por un estrecho caminito, e íbamos dejando pasar pequeñas casitas de madera de donde algunos curiosos asomaban su cabeza, llegamos al centro del pueblo y un hombre comenzó a hacerle señas a mi padre para que diera stop al viejo coche, cuando mi padre frenó, el hombre de ojos negros, hundidos, con cabellos rizados y de cuerpo erguido se acercó y exclamó…

– ¿El señor Jan?

-Si, ¿y usted es? -agregó mi padre.

-Caramba Joven Jan, no me reconoce, soy Mr. Brian, fui capataz de su padre,

– Perdona Mr. Brian, no lo reconocí, han pasado tantos años.

-Si, desde aquella noche, lo recuerdo muy bien – agregó Mr. Brian.

– ¿Cuál noche? –  cuestionó mi madre.

-Ninguna noche- agregó mi padre, Mr. Brian bromea.

Mr. Brian miró a mi padre con cierta pena, mientras tanto aquel hombre subió al coche. Una gran charla entre mi padre y Mr. Brian se suscitó, seguimos avanzando lentamente en el viejo Mustang que se tambaleaba porque el camino de terracería lucía y estaba muy lastimado. Finalmente, cruzamos un puente, y llegamos a una loma donde se comenzó a percibir una vaga niebla alrededor del lugar, se comenzó a ver una casa  junto a un lago, tenía una fachada bastante teatral y no era casa, sino una mansión de estilo clásico en medio de la niebla, no muy gastada a pesar de haber pasado tanto tiempo, sin embargo, supuse que Mr. Brian se había encargado de mantenerla en buen estado, accedimos al terreno mientras Mr. Brian bajaba el poco equipaje que llevábamos, porque según mi padre la casa estaba dotada con todos los servicios, quedé petrificado con los grandes pilares en la entrada de aquella casa que para nada invitaban a entrar, sin embargo, con cierto temor nos adentramos, en la entrada había 2 dormitorios, una cocineta y una pequeña sala de estar con vista al pequeño lago, al subir las escaleras nos encontramos mi madre y yo con otras dos habitaciones, en ambas había literas y ventanales con una vista a la zona boscosa de la casa, en sí, la casa mantenía detalles de la época pasada, con una decoración muy clásica y hasta con relojes muy clásicos, todas las habitaciones tenían camas de colchones muy viejos pero muy mullidos, de modo que el visitante se sintiera cómodo.

Mi padre por su cuenta, ayudaba a Mr. Brian con el equipaje, fue entonces que escuchamos un ruido en el patio, eran casi las 10 de la noche, mi padre y Mr. Brian salieron corriendo, sabía que esos dos se traían algo, así que los seguí y justo, junto al lago estaba mi padre posado sobre un columpio gastado por el tiempo, charlaban, no escuché nada, por desgracia.

Eran las 2 am y habíamos decidido quedarnos en la parte de abajo, de pronto se escucharon unos ruidos extraños, quise subir, y al salir de mi habitación mi padre iba subiendo también, lo seguí y al abrir la puerta del baño principal que estaba al fondo del pasillo, ahí estaba papá con una mirada absorta, azarada, lentamente me asomé y no podía creer lo que veían mis ojos: una luz tenue emergía de la puerta del baño, me asomé y era un ente con cuerpo de hombre o caballero, con voluptuosos pechos de mujer, cabeza y patas de macho cabrío, con grandes alas negras., aquello era algo difícil de admitir pero era Baphomet.  Jalé a mi padre despaciosamente, luego desperté a mi madre, salimos de esa casa y regresamos a la ciudad, mi padre ni siquiera recordaba lo que había sucedido esa noche. De Mr. Brian no volvimos a saber, después de unos meses, mi padre me narró que Mr. Brian había fallecido cuando era un niño, yo estaba confundido, no sabía que era todo este cuento. ¡De pronto sentí un fuerte choque en mi cabeza, me caí de mi lecho y por fortuna toda esa pesadilla había sido un mal sueño que no quisiera vivir en la vida cotidiana.

Fin…

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